Saturday, October 31, 2009

DRAKULS O VAMPIROS RUMANOS


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Bela Lugosi como Dracula (1931)


Yolanda dijo...(A Mayra Santos Febres en su blog)

Recuerdo cuando muy niña disfrutar de una forma horrorosa las películas de vampiros. Me causaban tal grado de terror que no podía despegarme del televisor y mas me gustaban si las pasaban en la noche. De muy niña, ahora que lo pienso como adulta, me fascinaba sobre todo la historia de amor entre el vampiro y su victima mujer...QUE TERRIBLE!!! Hoy día evito toda película de contenido violento y hasta las de vampiros.

13 de agosto de 2009 4:30

Ayer día de jaloguin tuve un rencuentro con las películas de mi infancia, las de Bela Lugosi mis preferidas, e hice las paces con ellas y con DRAKUL. Me volvieron a fascinar y reviví unos tiempos hermosos de mi vida. No sé si a partir de esto seré de ahora en adelante la mas fan de los films de terror o de los dráculas del mundo, pero lo que si sé de cierto es que durante los años de mi niñez pude disfrutar de las más espectaculares películas de vampiros que se hayan filmado en la histroria del cine y lo mas sorprendente era que las pasaban por la tv local. También recordé mi primera enfatuación secreta con un joven rumano que me hacía suspirar cuando llegué a mis 17 años al Art Institute de Chicago y tomábamos juntos la clase de ESL. Además he recordado mi gusto por la comida rumana en Little Bucarest mientras acompañada de José o de Juan yo quedaba hipnotizada por los coloridos y fascinantes vitrales que leían DRAKUL.




Sunday, October 25, 2009

Historia Peluda #12 de la Signorina Lionela

Había una vez y dos son tres, una hermosa muchachita que vivía solita en una torre. Su mamá era una malvada bruja que comía sopas de ojos y rábanos de hojas azules.La bruja le llamó a su hija Rapunzel y le obligó a vivir solita en una torre en medio del bosque encantado. Pasó tanto tiempo sola, que comenzó a enloquecer. Su hermosos cabello comenzó a crecer y a crecer. Un día, cortó su hermoso cabello y lo enredó con trenzas. Amarró su brillante soga de pelo en una silla de mimbre pegada al piso. Bajó por sus cabellos como soga para escapar. Al llegar al suelo del bosque no podía creer que era libre. Su hermoso cabello le dió su libertad. Pero al correr por el bosque tocó su cabellera cortita y pensó: Mi pelo me ha hecho libre, pero fué mi locura el que lo hizo crecer...

Saturday, October 24, 2009

Quisqueya abroad: La Pocajontas

El hambre le cala hasta los huesos que deben cargar su largo y alaciado cabello a fuerza de alizados que se quedan con un gran porciento de su sueldo nocturno. Ella sale de la cocina comiendo ensalada con un gesto en su cara de mandato religioso. Sus demás compañeras la evitan, casi ni la miran, como si fuera una señal de divina envidia por La Pocajontas y su cuerpecito que carga un par de tetas mas pesadas que las cuentas que cobra todas las noches en el bar. Su cuerpo huesudito se desplaza entre el bar y la cocina mientras sarandea su lacia cabellera y la acaricia con su peine de uñas acrílicas que acaba de retocarse para el viernes en la noche. Las demás compañeras no le ganan en su flacura mucho menos en la competencia pechugona que se desborda de sus camisas con escotes forzados. La Pocajontas se tropieza con una compañera saliendo de la cocina y comienza poco a poco el hervedero de rabias y de reclamos ante las demás chicas. Ella le dice a La Jefa que se tropezó sin querer pero que La Otra insiste en pensar que ella lo hizo a propósito. La Jefa le dice a La Pocajontas que se debería de disculpar, que las disculpas siempre hacen todo mas llevadero y armonioso en el trabajo. Pocajontas en su orgullo insiste que no y que no, que ella no tuvo la culpa. En eso sale La Forastera que presenció todo el numerito y mete la cuchara, observa a La Pocajontas y a La Jefa y les dice que la palabra disculpa lo dice todo por sí misma, que significa que te quitas la culpa ante el otro y en público y que eso no tiene nada de malo. La Jefa, las otras y EL Cliente se miran entre sí y asienten con la cabeza su gesto de estar de acuerdo con La Forastera. Las aguas bajan y la comida de La Forastera también. Pocajontas se sienta tiernamente junto a La Forastera cerca al bar para cobrarle por su plato de tostones con chuleta ahumada y ensalada. La Forastera la observa sintiendo empatía por su desconocida vida mientras mira fíjamente la carita de La Pocajontas que probablemente todavía es una niña.